miércoles, 14 de diciembre de 2011

Reflexiones de un mandril ermitaño.

Hay días en los que no te sientes tú misma o tú mismo. Días en los que cualquier cosa que te digan te parece mal, te enfadas por todo y estás a punto de reventar a llorar porque esa es la única manera que tienes de desahogarte. En esos días parece que estás solamente tú en el mundo, que nadie entiende lo que te pasa, que todo el mundo ignora tus problemas y que, si hay alguien que te quiere escuchar, es para después decirte, que él está peor, que no tienes motivos para quejarte o que hay alguien en el mundo que está peor que tú.
Sin embargo, y aunque no te lo parezca, hay siempre alguien que te va hacer reír en esos días, aunque no tenga intención de hacerlo. 
Esa gente que te anima, que está contigo sin tener ningún motivo aparente para estarlo, que te cuenta sus cosas y que sabe sin preguntarte si estás triste, enfadado, contento o si mientes, es la gente que va a estar siempre.
Tenemos que aprender a apreciar los pequeños gestos que hacen por nosotros, incluso los que hacen involuntariamente, porque esos son los verdaderos gestos de que para esa determinada persona, eres importante. Que alguien haga todo lo que está en sus manos por ayudarte en un momento de su vida, no significa que lo vaya a hacer siempre. Las personas que te ayudan día a día a sacar una sonrisa con las que lo van a hacer siempre.
Con esto no quiero hacer una entrada filosófica, ni una de estas entradas cursis o que exaltan la amistad hasta el infinito y más allá, sólo quiero dar las gracias a esas personas que me hacen sacar una sonrisa en los malos momentos, en especial a esa persona que comparte las aventuras en mi "buga" y a ese personaje que me hace enfadar continuamente, pero sin el cual ya no sabría vivir. 

Noemi.

No hay comentarios:

Publicar un comentario